Panda Patisserie Madrid

Qué: Primera pastelería Japonesa de Madrid

Dirigido a: Seguidores del arte culinario francés y nipón.

Notas personales: Cuando mi chico y yo descubrimos que la Izakaya Hattori Hanzo había ampliado su oferta con una sección de pastelería y matcha bar nos faltó tiempo para ir. Él, amante del té matcha; yo, fanática de la sakura (flor del cerezo). Juntos, dos clientes insaciables.

A una calle de la Gran Vía de Madrid se esconde este “curioso” local. Y digo curioso porque si vais buscando una pastelería seguramente paséis por delante y no os deis ni cuenta. Con la pared acristalada, desde la calle se pueden ver mesas japonesas y decoración de madera y bambú. ¿Dónde quedó la decoración romántica y rococó de las pastelerías clásicas? Desde luego no aquí.

El local tiene dos ambientes: la propia Izakaya, cerrada durante la merienda, y la pastelería. Además, una barra que cruza el local separando la cocina y un pequeño carrito en el que se pueden comprar dulces para llevar.

Las bebidas y varios dulces típicos como los mochis o dorayakis se presentan en distintas variantes. Esto resulta ideal ya que siempre se puede probar algo nuevo sin perder la esencia original.

Además, la chef de repostería del local, Hanayo Ueta, con la colaboración del maestro Ricardo Vélez, ha traído a la capitalalta pastelería francesa con ingredientes japoneses, como los macarons de sésamo negro o flor de sakura.

Recomendaciones: Depende mucho de los gustos de cada uno y de lo acostumbrado que se tenga el paladar. Si es la primera visita y no se dominan los sabores y texturas, se recomienda pedir todo para compartir con distintas opciones más arriesgadas que otras.

Diferente y ya un clásico, el Matcha Swiss Roll ocupa uno de los primeros puestos junto con el Dorayaki. El primero, un esponjoso bizcocho genovés de té matcha relleno de crema mascarpone, té verde, confitura de judía roja endulzada azuki y frambuesa liofilizada crujiente. El segundo, el dulce favorito de Doraemon, consiste en dos bizcochos kasutera redondeados, tradicionalmente rellenos de pasta de judía roja.

Pero no solo se ofrecen dulces, la carta hereda algunos platos de la Izakaya original. En este sentido, merece la pena (y mucho) probar el Karaage; crujiente, jugoso y riquísimo.

No puedo terminar esta entrada sin mencionar la extensa carta de tés e infusiones. Como bebidas calientes y muy especiales, el matcha o el sakura latte, ambos con leche de soja. Si os apetece algo más fresco, tenéis los mismos en versión iced ó frappé.

B.

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